Me centraré en los diferentes “apellidos” que se utilizan para todas aquellas que empiezan con la palabra RENTA.

Como contexto general hay que decir que la propuesta de una renta básica universal, individual e incondicional  es el origen de toda esta proliferación de “sub-propuestas” de rentas, con diferentes “apellidos”. Digamos también, de paso, que es sólo la primera palabra: RENTA lo que tienen en común con la propuesta madre y que todas ellas coinciden en que no es para todas las personas de forma individual, ni tampoco para siempre.

Es sobre esos “apellidos”: mínima, dignidad e inserción, sobre los que centraré el foco interpretando, lo más subjetivamente posible, qué hay detrás de cada palabra.

Así pues, por partes:

Renta mínima 

No se dice suficiente o necesaria, se dice mínima; se deja claro que, detrás de esa concesión (que es lo que es al fin y al cabo), hay una situación prioritaria que requiere mayor inversión. Se concede lo mínimo, porque hay cosas que tienen mayor importancia. Por ejemplo, el famoso techo de gasto que el gobierno, aprovechando el veraneo de la población, instaura tras una reforma de la intocable Constitución Española, y en el que se decide pagar antes las deudas adquiridas a los bancos y aledaños, que atender a las necesidades de las personas.

En las ayudas de este tipo, se avisa de entrada: le damos lo mínimo. Y por supuesto, es lo mínimo partiendo de sus parámetros macroeconómicos, en los que no aparece el pan, el agua, la energía, el transporte, la comunicación,  y la misma educación y sanidad públicas..(que sí, que también hay que pagar por ellas, no hay que engañarse).

Renta mínima, renta de la miseria que prolonga la miseria.

Renta de la dignidad

Aquí se alardea de que se está valorando la “dignidad” de la persona. Por supuesto, de la persona que ha resultado premiada en el bombo de la normativa administrativa (recuerden: ninguna renta de estas es para todas las personas).

Dignidad es un término que se puso de moda hace unos años y, agazapado en él, han encontrado algunos partidos y sindicatos la trinchera perfecta para justificar sus propuestas. Se utiliza, la apelación a la dignidad, como un elemento irrefutable para “ayudar” a las más necesitadas: se hace “por dignidad”. Precisamente, lo que consigue este tipo de propuesta es apuntalar bien la situación de indignidad en que viven muchas personas. Y precisamente también, por acceder a una renta de la dignidad, la pierden en un calvario de justificaciones, donde han de presentar una documentación, debidamente homologada por supuesto, en donde se diga que son quienes dicen ser y les pasa lo que dicen que les pasa. Han de dejar por escrito, y de manera prolija, las características de su dignidad maltrecha.

Renta de la dignidad, renta de la vergüenza, que muestra la indignidad de quienes tienen que gestionar el bien común.

Renta de la inserción 

La más representativa de las intenciones últimas del propio sistema: Renta para reinsertar.

Es el objetivo principal: la persona elegida tiene que reconocer que este sistema es bueno, y que es bueno para ella pertenecer a él, estar en él, en las condiciones y el lugar en el que alguien, que habita en un ignoto departamento que no tiene porqué estar en la misma ciudad, decide que tiene que hacerlo. Tiene la doble intención de autopropaganda del sistema y la rendición sin condiciones de potenciales rebeldías.

Reinsertar no implica cambio en el sistema. Es la reposición de una pieza del engranaje para mantener el buen funcionamiento del mismo. No todas las piezas se pueden reinsertar porque el desuso las deteriora. Y lo avisan: pliego de condiciones biológicas, académicas, habitacionales..Quien no las cumpla, no accede al concurso final.

Recuerda a la Inquisición (que nunca fue santa), cuando a base de torturas conseguía que el acusado, harto ya del suplicio, entrara en trance y gritara a los cuatro vientos que sí, que efectivamente era brujo o bruja, o bien estaba poseso. Y entonces, lo quemaban. Siempre necesitan justificar lo que hacen. ¿Por pudor? Nada más lejos. El objetivo es siempre aleccionador. Miren y aprendan: fulanita no entregó el papel a tiempo y por supuesto no merece nuestra ayuda. Además, no cumple las condiciones.

En el fondo, y en la forma, estas rentas son formas de violencia.

En el caso de la renta mínima, una violencia económica que pone por encima de la persona otras prioridades: los gastos generales “del conjunto”.

En el caso de la renta de la dignidad, una violencia moral que manipula un valor que nos identifica como seres humanos en su más profunda concepción, para convertirlo en moneda de cambio  y chantaje emotivo.

En el caso de la renta de inserción, una violencia psicológica que obliga a la mentira y la contradicción para convertirnos en piezas del engranaje.

La Renta Básica Universal, Individual e Incondicional, es el primer paso para empezar una larga marcha que nos saque de la prehistoria chata en la que se nos quiere mantener.

La RBUII ha de ser un derecho humano, tal cual se expresa en la Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes, redactado en el Foro de las Culturas de Barcelona 2004 y Monterrey 2007:

“Título I. Derecho a la Democracia Igualitaria

Artículo 1. Derecho a la existencia en condiciones de dignidad

Apartado 3. El derecho a la renta básica, o ingreso ciudadano universal, que asegura a toda persona, con independencia de su edad, sexo, orientación sexual, estado civil, condición laboral, el derecho a vivir en condiciones materiales de dignidad. A tal fin, se reconoce el derecho a un ingreso monetario periódico incondicional sufragado con reformas fiscales y a cargo de los presupuestos del Estado, como derecho de ciudadanía a cada miembro residente de la sociedad , independiente de sus otras fuentes de renta, que sea adecuado para permitirle cubrir sus necesidades básicas”. 

¡Allá vamos!

 

por Paco Vaquero

*Paco Vaquero es miembro de Humanistas por la Renta Básica Universal

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