La plaza, situada frente al Parlamento griego, se llenó de ciudadanos y de banderas griegas, y volvió a convertirse en un emblema de la democracia tan pronto se conocieron los primeros resultados oficiales de la consulta.

En un ambiente de alegría y armados de orgullo, los griegos bailaban, cantaban y aclamaban al primer ministro heleno, Alexis Tsipras.

En una arriesgada decisión que puso en juego la continuidad de su gobierno, el primer ministro de izquierda de Grecia había llamado a sus compatriotas a decidir si apoyaban o no un acuerdo que él rechazo por considerarlo “humillante” para el país.

El pueblo griego, de forma claramente mayoritaria, dijo “no” al acuerdo propuesto por los acreedores, dando un fuerte respaldo a Tsipras, quien ahora se dispone a retomar de inmediato las negociaciones en busca de mejores condiciones, la prioritaria, una quita del 30% de la deuda.

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