Esta mañana se convoco la asamblea para decidir si Limasa iba a huelga el 14 de diciembre si es que no se atienden sus demandas para el nuevo convenio. Fueron casi 400 trabajadores los que asistieron. La finalización del contrato de limpieza en 2017, el inicio de las tradicionales negociaciones del convenio laboral de 2016 que hasta el momento son infructuosas y las críticas de la oposición municipal por las deficiencias de este servicio, son los ingredientes que se debatieron hoy en la asamblea.

Los trabajadores han decidido por unanimidad ir a la huelga si no recuperan lo que, según denuncian, han perdido en los últimos años. Los trabajadores quieren recuperar el convenio 2010-2012. “Se está recuperando la economía, y lo que dejamos en el camino queremos recuperarlo”. Por este motivo han decidido convocar un paro que no tendrá “marcha atrás” si se materializa. “La plantilla está muy quemada, hemos dicho basta”, ha dicho el presidente del comité de empresa de Limasa, Manolo Belmonte. Este ha asegurado que no ven otra salida porque las reuniones que están manteniendo no están obtenido sus frutos, por lo que han exigido que les respeten. Además, han pedido la municipalización del servicio para invertir el ahorro en más medios y personal para la limpieza de la ciudad. “A esto hay que darle un revulsivo, la limpieza tiene que ser a través del Ayuntamiento”.

Los resultados de las últimas elecciones municipales están convulsionando la vida política municipal del Ayuntamiento de Málaga. La oposición, ahora con mas votos que el mismo equipo de gobierno, comienza a cuestionarlo todo. También ha querido remover la situación en Limasa, pero aquí, de momento, no han podido.

Las cosas en la empresa que tiene la misión de mantener la ciudad bien limpia y de recoger la basura con un coste de cerca de 90 de millones de euros al año, no han cambiado mucho. El fracaso en el cumplimiento los objetivos de limpieza es evidente. En eso seguimos igual, aunque por suerte no ha empeorado.

El Ayuntamiento, que es a la vez el que paga y dueño del 49% de la empresa reconoce su incapacidad por cambiar el rumbo de la gestión de la empresa para dar un buen servicio a los ciudadanos, que es de lo que se trata. Los socios privados FCC y Urbaser, principalmente, actúan como tales. Vienen en marzo cuando se rinden cuentas a recoger sus beneficios y luego se marchan a Madrid. A todo ello contribuye, que duda cabe, que el fin del contrato está cerca. Da la sensación de que todo se hace a beneficio de inventario y que se ha tirado la toalla.

¿Y los trabajadores con una plantilla de más de 1.300 fijos más varios centenares de eventuales? ¿Son las víctimas o son los privilegiados que señala el alcalde cuando quiere desacreditarlos ante la opinión pública? Ni una cosa, ni la otra. Pero sí saben y son conscientes del peso que tienen.

Saben que trabajan en un sector clave, que prestan un servicio que no admite descansos y que pueden paralizar un ciudad con una huelga. Y eso les hace poderosos –aunque también impopulares–. Tienen además dirigentes sindicales que saben tensar la cuerda.

Tras cuatro sesiones de negociaciones para un nuevo convenio colectivo para el año próximo donde nada se ha avanzado por la desidia de una empresa sin interés por el futuro inmediato, los trabajadores han sido convocados hoy a una asamblea. Sus dirigentes les han llamado para que sean ellos los que tomen la palabra y decidan.

¿Pero es realmente inevitable la huelga? Se echan en falta soluciones que eviten un conflicto, pero sobre todo son necesarias soluciones que permitan que la limpieza en la ciudad sea una realidad diaria y permanente.

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