Hay que ser cuidadoso con este tema ya que puede herir susceptibilidades.

Es una dificultad reconocer el fracaso.  Incluso ahora,  mientras lees,  piensas que le hablo a otros que han fracasado, pero no  a  ti, porque mañana tú tendrás…, o ayer te dijeron que mañana te darán…o cuando tengas más dinero…o cuando te den ese trabajo…

Nadie quiere ser un fracasado, es casi un insulto existencial.

Pero a pesar de todo, el fracaso nos da la oportunidad de revisar nuestra vida, nuestros ensueños, nuestras acciones…el fracaso nos da la oportunidad de cambiar, y ese es el tema.

Este sistema va por otro lado. Vivimos en la sociedad del “éxito” y aquel que no lo consigue se siente mal y sufre.

La gente que tiene éxito, que no ha fracasado, ha encontrado (o cree haber encontrado) todo lo que quiere en la vida. Ha satisfecho todas sus búsquedas y dedica su vida a implementar lo que ha encontrado. Esa persona se ha completado. Cuando las cosas le salen mal, siempre se debe a causas externas y nunca se le pasa por la cabeza que pudiera ser que su modo de ver el mundo, esté equivocado. Es una persona de éxito.

Otras personas no encuentran una respuesta completa a sus búsquedas, o cuando la encuentran, en su corazón se abren cientos de nuevas preguntas, que lo hacen sentir que el camino que recorre es mucho más largo de lo que imaginó en un comienzo.

Algunas personas buscan la justicia, la bondad,  la felicidad, el sentido y no se conforman ni aceptan que sus búsquedas sean imposibles. Esas personas viven constantemente la experiencia del fracaso y extraen de él una enorme energía (contrariamente a lo que se piensa) que los impulsa a continuar, a luchar, a buscar incansablemente.  En cambio es habitual encontrar a las personas de éxito, cansadas, agobiadas y sin sentido. La palabra que usan las personas de éxito para el sinsentido es la “depresión”.

En el lenguaje común,  el término “fracasado”  se utiliza  peyorativamente  para  indicar que  una  persona  no  ha logrado en la vida lo que “se dice” que hay que lograr, y tampoco será capaz de lograrlo a futuro.

Mirado desde adentro,  el término “fracaso” indica que no logré lo que creí que era importante lograr, y eso que una vez creí, ya no es posible seguir creyéndolo.

Me resisto a ver el fracaso. Prefiero ver  que  mis proyectos se desvían, o no producen el efecto esperado debido a accidentes  externos.  Ese factor  accidental, azaroso,  me  otorga  la esperanza  de que alguna vez el accidente opere a  mi  favor.  Lo “accidental”  me oculta toda responsabilidad de mi  acción.  Aunque las situaciones de fracaso se repitan, insisto en considerarlas como accidentes y lo atribuyo a algo que llamo “mala suerte”,  que se debió a la posición en que se encontraban las estrellas en  el momento de mi nacimiento.  Repito mi acción  mil veces, hasta que se me acabe la vida, antes de enfrentarme a mí mismo y cuestionarla.

Este cuestionamiento es posible en el fracaso.

Cuando  digo  “siempre me pasa lo mismo”,  no reparo  en  que  la constatación  de  ese hecho podría formularse como “me  pasa  que siempre hago lo mismo”. En  el fracaso se produce una ruptura del sistema  de  creencias. Fracasan  determinadas creencias y esto cuestiona mi  acción.  El reconocimiento del fracaso no es la negación de la  acción,  sino asumir el cuestionamiento y fracaso de las creencias.

El fracaso no duele, como sí duele el resistirse a aceptarlo.

El reconocimiento del fracaso es lo que nos posibilita un cambio de mirada frente a una situación sufriente.  Creo que es una de las experiencias internas más difíciles de aceptar y sin embargo la que posibilita todo cambio, toda nueva búsqueda y la llegada de una nueva realidad.

Cuando miramos al mundo o a nosotros mismos, lo miramos de un modo. Ese modo de mirar, es por una parte nuestra intención que está lanzada hacia el mundo y, por otra parte, un sistema de creencias, de supuestos, desde donde estructuramos todos los datos que recibimos.  Cuando se rompe el sistema de creencias experimentamos el fracaso y es el fracaso de ese modo de mirar. No es el fracaso de la intención que busca implementarse y completarse en el mundo. Por el contrario, ahora la intención queda liberada de un modo de mirar que la tenía aprisionada.

Ahora esa intención tiene la posibilidad de construir nuevos significados y realidades. Nuevas creencias ocuparán el espacio de las antiguas, pero éstas nos abrirán el futuro hacia nuevos mundos.

Dejar respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí