Aunque resulte increíble, esta es la foto del jabalí con el compartí una intrépida carrera. Sucedió en Senegal, primavera del 2002 en uno de mis viajes para organizarme con humanistas del lugar y poner en marcha un proyecto de ayuda mutua (algo hacemos con ellos en su país y algo hacen ellos con nosotros en el nuestro).

Bien, el caso es que tenemos la oportunidad de conocer nuevos amigos en el vecino Gambia, como está bastante cerca… unas 8 horas de viaje aproximadamente, nos organizamos con mi compañero y allí partimos, muy de madrugada.

Al salir de Dakar, a pocos kilómetros, diviso a la izquierda del camino una reserva de animales, tomo muy buena nota de esto y a la vuelta del viaje, 2 días después de nuestra salida, insisto para conocerla.

Entramos en el lugar con nuestro coche y nos encontramos con una valla.  El principio fue muy curioso, porque detrás de la valla había un gran avestruz que se acerco a nosotros con todo su porte, nos amenazó con una mirada penetrante… posteriormente, alejado por el guarda del lugar, que nos dio la bienvenida inmediatamente, el avestruz se fue a su guarida como perro guardián en tan extravagante escena.

Entramos el coche al recinto y mi compañero de fue con el guarda para organizar la visita al parque, yo por mi lado baje del coche maravillado por el lugar, en un trasfondo de gran sabana remarcada con impresionantes baobab, se alzaba una arboleda que me atrapó inmediatamente por la cantidad de pájaros que se escuchaban en las ramas de los árboles, me fuí acercando sin prevenciones y me interné en el… una orquesta celestial me dije… cuando de pronto escuche el brusco sonido de ramas rotas, de pisadas fuertes entre el matorral, mi atención inmediatamente se dirigió allí, cuando de pronto un jabalí salvaje apareció a la carrera y en mi dirección… Como un muelle saltaron mis pies del suelo y comencé a correr en dirección al vehículo, unos instantes que me parecieron eternos por los amenazantes colmillos que advertí podían terminar en mis piernas, un salto… otro salto… y justo antes de la envestida alcanzo el coche y me subo a él, me salve por los pelos… impactado por la situación y con la respiración todavía alta, mil imágenes se me venían a la cabeza, estaba contento, me había perseguido un jabalí africano que aún estaba ahí, frustrado por no haberme alcanzado, cojo la cámara inmediatamente y le saco una foto para inmortalizar el momento, el se coloca en pose e inmediatamente después del clic vuelve al bosque para desaparecer entre la maleza, que fuerte me dije… se lo contaría a todo el mundo… mi compañero apareció al rato ajeno totalmente de mi experiencia, diciéndome que todo estaba listo para recorrer las hectáreas del recinto, pero bueno eso es para otro relato.

Han pasado muchos años desde que sucedió esta anécdota, sin embargo la foto del jabalí permaneció como recuerdo imborrable de aquel instante.

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